Consolidar es cambiar varias deudas caras por una sola más barata. Bien hecha, baja la cuota y el total. Mal hecha, baja la cuota y sube el total — y como la cuota bajó, se siente como un alivio mientras te cuesta más.
Cuándo sí
- Cuando la tasa nueva es claramente menor que el promedio de lo que pagás hoy.
- Cuando el plazo nuevo es parecido al que te faltaba, no el doble.
- Cuando sumaste las comisiones de cancelación de las deudas viejas y aun así el total baja.
Cuándo no
Si la cuota baja solo porque el plazo se estiró, no consolidaste: postergaste. Un saldo de ₡3.000.000 a 24 meses y otro a 72 meses pueden tener cuotas muy distintas y el de 72 meses casi siempre cuesta más en total, aunque la tasa sea menor.
La trampa que más se repite
Consolidás las tarjetas, quedan en cero, y a los cuatro meses vuelven a tener saldo. Ahora tenés el crédito de consolidación Y las tarjetas otra vez. Es el desenlace más común y no tiene nada que ver con la matemática: si las tarjetas no se cierran o no se guardan, vuelven.
Antes de consolidar, escribí en un papel qué va a pasar con cada tarjeta que quede en cero. Si no tenés respuesta, todavía no es el momento.
La cuenta que decide
Sumá lo que te falta pagar hoy entre todas las deudas. Sumá lo que vas a pagar en total con el crédito nuevo, incluyendo comisiones. Si el segundo número es menor, consolidá. Si es mayor, no.
