El préstamo informal resuelve hoy y hunde mañana. Se consigue rápido, sin papeles, y cobra tasas que en el sistema formal serían impensables. Mucha gente cae ahí porque creyó que no calificaba en ningún otro lado — y a veces sí calificaba.
Primer paso: saber cuánto es
Escribí el monto, el cobro por período y cada cuánto se cobra. Convertilo a mensual. Ver el número anual completo suele ser lo que hace obvio que hay que salir ya, aunque salir cueste.
Segundo: buscar en el sistema formal
Aunque tu historial no sea perfecto, hay opciones formales: cooperativas, asociaciones solidaristas, el crédito de tu propia institución de ahorro. Cualquiera de esas, aun con una tasa que te parezca alta, es dramáticamente más barata. Compará antes de asumir que no hay salida.
Tercero: no refinanciar con el mismo
Aceptar un préstamo nuevo del mismo prestamista para pagar el anterior es lo que convierte un problema de meses en uno de años. Si la única salida que te ofrecen es esa, no es una salida.
Si hay amenazas
La intimidación y el cobro con amenazas son delito, independientemente de que la deuda exista. Hay dónde denunciarlo y no requiere haber pagado primero.
Deber en el sistema formal es incómodo. Deber en el informal es peligroso. No son el mismo problema y no se resuelven igual.
